El amor es como la ciencia martillo de los sentimientos: dependiendo del estado de ánimo puede acariciar como una flor de ceibo o raspar como una ortiga. Esto en cuanto a posibilidades duales; generalmente prevalece una tercera que es colarse por el orto como la inherente arena del mar. Las posibilidades están.
Una forma de medir el amor es por la capacidad de lastimarnos porque duele más de quienes más queremos, de quienes no teníamos defensas preparadas. Pareciera que para amar hay que estar dispuesto a odiar, son como caras de una misma moneda.
El mundo está lleno de hijos de puta que aman, que pretenden amar y de desesperados dipuestos a dejarse refrescar con las aguas del amor y su inherente arena, sintiendo dulzura en lo salado.
Tal parece que derramé el salero sobre sus venas. Me apuré a tomar un poco y lo eché por sobre mi hombro para espantar la mala suerte pero le atiné directo a sus ojos; me acordé tarde que ya le había dado la espalda. “Lo siento, nunca quise… No me dí cuenta…” le tartamudeé y me dije “¡Pero qué barbaridad! Todos somos hijos de puta en potencia”. Y me disculpé por no encontrar disculpa que valga.

No soy buena persona cuando me lastiman. Perdón.




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Monday, November 14th, 2011, 5:42 am | 


