Las palabras que te marcan de por vida, para bien o para mal, suelen ser cortas y precisas como una navaja o una curita. Después vendrá a la mente todo el contexto y la historia pero lo más importante es que hay un antes y un después de cada frase: no se pueden olvidar y las recordamos a menudo porque de una forma u otra nos dan alguna respuesta.

Estas frases que marcan tienen dos características, la primera es que nos marcan de una manera positiva y una negativa, y es difícil volver de una a otra; una vez que la frase ha hecho raíces es difícil verla de otra manera que no sea la que, en su momento, nos impactó. La segunda es que la persona que lo dijo tiene, o tuvo, relevancia en nuestra vida, por eso enseguida asoma el contexto y la historia detrás de cada frase.

A continuación las frases que me marcaron:

Sos un mocoso.

Palabras de mi abuelo. Era chico, 8 años, y era muy caprichoso, no lo quise ayudar a arreglar una cortina. Desde ese momento dejé los caprichos como hábito y siempre lo ayudo sin que me lo pida.

Tenemos una cosa en común: compartimos una pasión.

Palabras de Santiago, compañero de equipo de rugby. Con esta frase cerró la explicación del porqué son difíciles los lazos de amistad cuando te encierran en un salón con 46 compañeros (éramos 47 en mi cursada de polimodal) en comparación con los lazos de compañerismo en un club donde todos están por gusto y decisión propia.

¿Por qué yo tendría que salir con vos?

Palabras de Cecilia que, si bien encontré una respuesta parcial, no deja de ser un terminante “porque sí” para dar a cuentas que toda relación es, simplemente, arriesgarse sin saber qué esperar del otro lado.

Son los cómplices de la mediocridad.

Palabras del profesor de Ética en Medicina a unos alumnos que murmuraban todo el tiempo. No quiero ser uno.

No crío parásitos - Me tienen harta/Hasta acá me tienen (harta).

Palabras de mi profesor de Historia y mi maestra de segundo grado. No tienen ninguna moraleja salvo que justo -ese día y varios otros- se levantaron de mal humor.

Felices los que nada esperan porque nunca serán defraudados.

Esta es una de mis frases favoritas de autoría de Les Luthiers y la que uso como frase de cabecera. Me marca de dos formas: todos nos equivocamos y esto es normal, lo mejor es bajar el nivel de exigencia que tengamos hacia los demás tengan con nosotros porque nadie es perfecto. De la otra forma es que siempre existe la posibilidad de que las cosas salgan bien y que salgan mal, no es una mala idea contemplar las dos posibilidades.

Lo que importa no es la intención sino el esfuerzo.

De mi autoría como complemento de la anterior frase. Porque exista la posibilidad de que las cosas salgan mal no me da derecho a tirar la toalla para no fracasar nunca. Por otra parte, no quiero que maltraten a los animalitos ni que los pordioseros pasen frío a la noche, tengo buenas intenciones pero dichas mientras estoy cómodo en mi cama y abrigado, son inútiles deseos como los de una Miss Universo: “Deseo la paz mundial”.

El tiempo pasa y el momento huye.

Eso mismo, aprovechar la oportunidad cuanto antes se presente. Lo escuché en la película Amistad, sobre la esclavitud.

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