December 6th, 2011

Vida mía, te he tomado prestada

Vida mía, te he tomado prestada y no te devolví en ninguna noche. Los sueños me amargan pero es inevitable soñarlos, los recuerdos me inquietan pero es inevitable recordarlos. Estoy cansado, vida mía, muero todas las noches y apenas despierto; no volví a nacer desde aquél sueño.

Vida mía, nacemos y morimos bajo un único principio, creer hacer lo correcto. Tanta corrección me termina tachando y vuelvo a ser un garabato sin márgenes libres. Espero que el rocío de una nueva mañana me borre toda la tinta y no me arrugue tanto para poder escribir una historia nueva todos los días pero tengo el espíritu manso; ya no obedezco a mis deseos.

Vida mía, la orquesta de nuestros momentos continúa tocando, la música de nuestros recuerdos continúa sonando. Lamentaré devolverte en ese estado, vida mía, pero te cuento lo adeudado: Lo que fue amor nació del odio, lo que fue alegría se amasó en la tristeza, por no sentir lo que siento me quedé sin mí, disimulo una mueca y los demás me ven sonreír.

Vida mía, te he tomado prestada y todavía no te devuelvo. Muero y despierto en un mismo cuerpo encarnado, cada amanecer me devuelve al pasado. Vida mía, la vida es un chiste malo y aún no te devuelvo mientras me tengas de prestado.

Dibujo de Quino. Fuente: http://jaimeadas.blogspot.com/2009/09/quino-enigmatico.html

November 14th, 2011

¡Pero qué barbaridad!

El amor es como la ciencia martillo de los sentimientos: dependiendo del estado de ánimo puede acariciar como una flor de ceibo o raspar como una ortiga. Esto en cuanto a posibilidades duales; generalmente prevalece una tercera que es colarse por el orto como la inherente arena del mar. Las posibilidades están.

Una forma de medir el amor es por la capacidad de lastimarnos porque duele más de quienes más queremos, de quienes no teníamos defensas preparadas. Pareciera que para amar hay que estar dispuesto a odiar, son como caras de una misma moneda.

El mundo está lleno de hijos de puta que aman, que pretenden amar y de desesperados dipuestos a dejarse refrescar con las aguas del amor y su inherente arena, sintiendo dulzura en lo salado.

Tal parece que derramé el salero sobre sus venas. Me apuré a tomar un poco y lo eché por sobre mi hombro para espantar la mala suerte  pero le atiné directo a sus ojos; me acordé tarde que ya le había dado la espalda. “Lo siento, nunca quise… No me dí cuenta…” le tartamudeé y me dije “¡Pero qué barbaridad! Todos somos hijos de puta en potencia”. Y me disculpé por no encontrar disculpa que valga.

No soy buena persona cuando me lastiman. Perdón.